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Muchos padres piensan que a sus hijos, niños o adolescentes, no hay que ponerles límites o no saben cómo hacerlo sin sentirse culpables. La disciplina, en la educación de los hijos, sigue siendo tan importante hoy en día como lo era en nuestra infancia.

En muchos casos la dura tarea de educar a los hijos se ha convertido en problemas para el entorno familiar, lo que puede causar alteraciones en el bienestar y la salud tanto física como psicoemocional.

Como ejemplo, podemos  mencionar el trastorno de conducta derivado de la poca tolerancia a la frustración por la falta de normas y límites tanto desde la niñez como en la adolescencia. Establecer reglas claras para que todo funcione con armonía en el ámbito familiar evita problemas de salud y conflictos que son de gran preocupación en la mayoría de los padres.

Los padres que trabajan están mucho tiempo fuera del hogar. Esto les genera culpa y los deja vulnerables por dedicarle poco tiempo a estar y compartir con sus hijos.

¿QUÉ ES EL LÍMITE

Es la norma que define las conductas esperadas en un contexto determinado. Esto se desprende de los valores que se reconocen en la sociedad tales como solidaridad, respeto, tolerancia, honestidad, etc.

Una vez definido que es el límite vemos que las normas son las reglas que determinan nuestro comportamiento mientras que los límites marcan hasta donde se puede llegar sin interferir o perjudicar a los demás.

En cada periodo de la vida de nuestros hijos se requieren normas y límites diferentes, los cuales debemos ir estableciendo de acuerdo con su crecimiento, su capacidad y su etapa evolutiva. Sabemos que cada niño pide y necesita límites  a su manera. Por eso los límites varían pero es importante establecerlos claramente por motivos de salud, de seguridad, de convivencia y para adecuarse a los valores morales existentes dentro de la sociedad en que estamos inmersos.

Los padres quieren que sus hijos sean felices. En muchas oportunidades piensan que la felicidad está en darles y permitirles todo aquello que ellos mismos no pudieron tener. Esta forma de pensar puede traer situaciones conflictivas graves. En muchos chicos esta forma de actuar por parte de sus progenitores lleva a que  no toleren las frustraciones lo que puede derivar en trastornos de conducta serios que pueden llegar a niveles no deseados. Todo por no decir un “NO” en el momento justo. El adulto tiene el deber y la responsabilidad de guiar aunque corra el riesgo de equivocarse.

Algunos consejos para aprender a ponerles límites a los hijos.

ESTABLECER LÍMITES PRECISOS Y CLAROS

Las reglas son esenciales en la disciplina ya que le proporcionan al niño y al adolescente formas de conducta adecuadas. Ser coherente y consecuente al hacer cumplir estas reglas;  de lo contrario el niño no sabrá qué hacer ni a quién obedecer.

NO DAR ÓRDENES QUE NO TENGAN POSIBILIDAD DE SER CUMPLIDAS

De lo contrario lo único que se logra es desautorizarse. Considerar, por ejemplo, el tiempo que toma realizar determinadas tareas y tampoco exigir más de lo que realmente el niño o el adolescente puede realizar.

ESTABLECER RUTINAS Y RESPONSABILIDADES ORDENADAS Y PREDECIBLES

Por ejemplo, definir la hora de comer, la de dormir, la de bañarse. Cuánto tiempo por semana es realmente adecuado jugar videogame o quedarse viendo cosas en internet.

DEFINIR PRIORIDADES

Existen tareas más importantes que otras como hacer los deberes, estudiar o arreglar el cuarto, por ejemplo, en comparación con las actividades de entretenimiento. Dejarle al niño esto claro lo ayuda a entender, organizarse y adquirir valores.

NO PERMITIR SER DESCALIFICADO POR TERCEROS

La educación es tarea de los padres o de los tutores. Es muy importante que entre ellos exista un mínimo de criterios comunes para que los límites le queden claros a los hijos. Por otro lado, es importante que otros miembros de la familia como tíos o abuelos o amigos y vecinos no interfieran descalificando a los responsables. El límite no contradictorio, preciso y adulto tiene que provenir de los padres.

VALORIZAR LA FIGURA DEL OTRO PADRE

Si uno de los padres estableció algún límite o pidió para que sea realizada determinada tarea, es positivo que el otro lo valorice y lo apoye para que los hijos se sientan más seguros.

FAVORECER LAS CONDUCTAS O ACTITUDES POSITIVAS

Recompensar trae resultados más eficaces que criticar para cambiar la actitud de una persona (Daniel Kahneman).

Saber decir que NO no significa que los niños o adolescentes precisan ser criticados constantemente. Una cosa es poner  límites y otra es criticar. Para obtener resultados positivos hacer elogios o recompensas de vez en cuando a  nuestros hijos aumenta su autoestima y ellos ganan confianza, lo que los hace comportarse mejor dentro de estos límites.

Saber decir NO implica un aprendizaje diario que incluye saber que un hijo es alguien diferente de nosotros. Sus actos, sus deseos y su privacidad, serán posibles en tanto y en cuanto se respeten los deseos y la privacidad de los otros.

El no poner límites implica indiferencia. Hágalo con amor, seguridad y coherencia.